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El artesano del cine

Miami, Estados Unidos, Venezuela, Caracas
El artesano del cine

Autor: Joseph Casañas  Follow @joseph_casanas

Una borrachera, que no fue la suya, terminó por convertirse en la oportunidad que había estado esperando. Han pasado más de 22 años desde que el proyeccionista de planta del cine club de la universidad en la que entonces trabajaba como electricista no pudo con su cuerpo y se quedó dormido minutos antes de la función. Tocaba cancelarla. Jaiver levantó la mano y pidió que le dejaran proyectar la cinta. Nadie entendió cómo.

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Sin que nadie lo supiera, el opita había pasado decenas de horas enhebrando películas, jugando con los viejos proyectores de 35 mm y rayando los celuloides del archivo universitario. No fue poco el material que destruyó en ese proceso de auto aprendizaje. Valió la pena.

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El drama que cuenta la película Los amantes de círculo polar , de Julio Madem, se quedó corto con el drama que sucedía en la sala de proyecciones. Los 114 minutos que dura la cinta española, ganadora de dos Premios Goya en 1999, aún los recuerda Jaiver Sánchez. “Con esa película me inauguré como proyeccionista. Claro que hubo mucho nerviosismo, pero afortunadamente empecé y terminé la película. Pasar inadvertido es el éxito de este trabajo”, dice

Es un trabajo invisible. Pocos se preguntan quién es esa persona que tiene el privilegio de mantener encendida la única luz de la sala de cine y que se encierra en un cuarto con vista exclusiva a ver la película. Desde hace 22 años, Sánchez es ese hombre invisible. Es el proyeccionista de la Cinemateca de Bogotá, el teatro de las artes visuales de la capital de la República que funciona desde 1976 y que hoy estrena escenario. También le puede interesar este tema: Prográmese para la jornada inaugural de la nueva cinemateca de Bogotá

Jaiver dice que su amor con los proyectores “fue a primera vista”. Todo empezó cuando la empresa de electricidad para la que trabajaba a mediados de los 90 le asignó un arreglo en un teatro de la ciudad. La falla eléctrica tenía su origen en un cuarto oscuro y estrecho en el que se guardaban unos aparatejos gigantescos. “Cuando vi esos dos proyectores de 35 mm me di cuenta de que eso era lo que quería hacer. Quería ver cine. Vivir del cine. Y, sobre todo, descubrir cómo funcionaban esas cajas mágicas”. Lo logró

Sin embargo, su relación con el cine es más antigua. Más romántica. “Empezó en la niñez. Cuando tenía unos diez años, con mi hermano comprábamos unas revistas pequeñitas de cine que nos fascinaba coleccionar. Las leíamos y pasábamos horas mirando afiches y jugando. Por eso, cuando levanté la mano para proyectar la película después de la borrachera del hombre del cine club, sabía que no podía dejar pasar esa oportunidad”. La relación de Jaiver Sánchez con el cine se mantiene. Parece perpetua. No se puede decir lo mismo del vínculo de Jaiver con su hermano. Hoy pasa por un momento convulso. “Él se empeliculó con un asunto de la religión y se alejó de la realidad”. Pero esa es otra historia

Decir que la vida de Jaiver y el cine están íntimamente ligados, es más que una frase para darle fuerza a esta historia. Es un hecho. “Todas las experiencias que tengo como papá y como esposo han surgido de ese pequeño espacio de proyección. El cine no es solo entretención, el cine me ha formado mucho como persona. A través del cine he aprendido de música, conozco el mundo, interactúo con directores y descubro historias que me han hecho crecer como persona. Muchas de las decisiones que he tomado en mi vida las he tomado con base en mi trabajo. Bajo el concepto de que todo lo que he visto tiene influencia en mi forma de actuar. No sería la misma persona que soy, con errores y defectos, si no fuera por el cine”

Tiene dos hijos. A ambos les puso el nombre de dos directores de cine que admira profundamente. “El mayor se llama Andréi, por el director de cine ruso Andréu Arsénievich Tarkovski, y el segundo se llama Éric, en honor a Éric Rohmer”.  Lea también: Nueva Cinemateca: un laboratorio del séptimo arte en Bogotá

Tras 22 años como proyeccionista de la cinemateca, Jaiver considera que es el momento de devolver algo de lo que ha aprendido. En la nueva sede, ubicada en la Cra. 3 N° 19-10, en el centro de Bogotá, adelantará talleres de cine en 35 mm

“Está enfocado para todo el que quiera aprender la magia del cine. Es un espacio para aprender de séptimo arte desde el punto de vista del proyeccionista. La idea me surgió luego de que alguien me preguntara sobre el número de películas que me he visto. Realmente no sé, tal vez más de diez mil. Lo importante no es el número. Entendí que si uno sabe algo y no lo comparte, realmente no sabe nada”. ¡Nos vemos en el cine!

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