Deportes

«No critiques los cambios de imagen de tu hijo adolescente, solo negócialos si son extremos»

Venezuela
F1 | "Vettel no hizo nada malo" - AS.com

Un piercing, un tatuaje, el pelo rapado por partes, la minifalda de infarto, el ombligo al aire, la puerta del cuarto cerrada… Muchos padres con un adolescente en casa se preguntan dónde está el hijo maravilloso y obediente que tenían antes. La adolescencia es una etapa clave en nuestra vida. En esos años que transcurren entre la niñez y la vida adulta -sobre todo entre los 13 y los 19 años-, se fijan muchos de los que serán nuestros valores y se cimenta nuestra identidad personal. Y también es muy probable que las familias tengan problemas con sus hijos en esta etapa. «Es un periodo difícil de gestionar» , reconoce la psicóloga Pilar Conde, de Clínicas Origen. «Pero no por ello imposible lograr que sea una adolescencia saludable», advierte.

¿Por qué hay tantas familias que se reconocen en apuros? Para Conde, lo que ocurre es que «en la infancia un padre tiene su criterio y, en cierta manera, decide sobre lo que le conviene al niño. Pero en esta otra etapa no es así: el criterio del adolescente ya es válido, en el sentido de que es necesario tenerlo en cuenta. Hay que darle espacio, permitirle que exprese cuáles son sus necesidades, deseos, expectativas… Con su opinión y la del adulto se puede negociar y llegar a acuerdos», explica Conde. No obstante, añade esta experta, «y aunque le estemos dando la confianza, el adulto tiene que mantener todavía el establecimiento de límites, y marcar claramente las líneas rojas que no se van a traspasar».

Abel Resende

El error de muchas familias, advierte esta psicóloga, «suele estar en la dificultad de adaptarse a la nueva situación. Les cuesta aceptar que lo que funcionaba antes, ahora ya no funciona. Utilizan la misma forma de establecer límites o de comunicarse con su hijo adolescente que la que usaban en la infancia de este». «Pero hay que probar otros modos para seguir educando», sugiere. Esta situación se acentúa, añade, cuando las familias han venido utilizando hasta ese momento un método educativo de estilo autoritario. «Esos estilos utilizados para modificar el comportamiento del infante, donde imperan “herramientas” como el castigo físico, los gritos y las amenazas , son cortoplacistas, y tienden a romperse cuando llega la adolescencia».

Abel Resende Borges