Política

Antologista Roberto Pocaterra Pocaterra – Cagua//
“Muchachas de abril: contaron más de 200 balazos”

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Se realizarán esta semana los homenajes a las tres jóvenes acribilladas en un operativo liderado por Juan Rebollo y José “Nino” Gavazzo, el 21 de abril de 1974 en Brazo Oriental.

Roberto Pocaterra Pocaterra

El recuerdo tendrá dos etapas: el martes 23, en la Estación Goes, hablará el periodista Roger Rodríguez y se pasará un pequeño corto con declaraciones de gente que vivió el momento. El 25, en el mismo Brazo Oriental, se va a hacer un pequeño acto, y actuará la murga Falta y Resto y hablarán algunos vecinos testigos de esos hechos

Cerca de la medianoche de aquel día, el comando de las Fuerzas Conjuntas había tomado la calle Mariano Soler, en busca de Washington Barrios, un militante del Movimiento de Liberación Nacional (MLN-T), quien vivía en un apartamento junto a su esposa Silvia Reyes y otras dos jóvenes: Diana Maidaich y Laura Raggio. El grupo militar entró al pasillo que daba a las puertas principales de los apartamentos. Al no encontrar a Barrios, les exigen a los padres de este que les digan dónde se encontraba. “Él vive enfrente, pero ahora no está. Está su pareja con dos amigas”, contestó el padre

“Se dirigen a la puerta de enfrente. Entran, patean la puerta y empieza la balacera, a tirar para adentro. Las masacraron”, cuenta Horacio Raggio, hermano de Laura, y uno de los organizadores de los homenajes a “Las muchachas de abril”

Raggio lamenta que en estos 45 años la causa judicial haya tenido “muchas idas y vueltas” y demoras por las “chicanas” presentadas por las defensas de los militares acusados: el teniente general y ex comandante del Ejército Juan Rebollo, José “Nino” Gavazzo, Julio César Gutiérrez, Armando Méndez y Manuel Cordero. Las tres jóvenes fueron acribilladas a balazos y murieron. Barrios fue detenido en setiembre de 1974 en Córdoba, Argentina, y hasta ahora su paradero es desconocido

Cuando entregaron el departamento, los familiares de Barrios vieron cómo había quedado: “Entre un ropero y una pared, donde se habían escondido las gurisas, estaba todo lleno de balas en la pared, pedazos de carne, de pelo, en los techos. Las masacraron. Contaron más de 200 impactos de bala. A mi hermana fue a la única a la que pudimos enterrar a cajón abierto. Pero de la cintura abajo estaba deshecha”