Alexander Guerrero E.: Economía, represión y violencia


“> Un economista dispone de un vasto instrumental analítico en la teoría económica para analizar el comportamiento del mercado de bienes y servicios, particularmente el proceso de formación de precios. Ese mismo arsenal de teoría económica es útil para analizar el llamado “mercado político” es decir, donde se transan las preferencias de los grupos políticos, instituciones, incentivos, morfología de los mercados y en los costos de la “política”, todas esas variables son similares, la teoría de “selección publica” ha obtenido varios Nobel de economía por esa contribución a la comprensión de la acción humana. En ambos mercados, el de bienes y servicios y el “político” la racionalidad del individuo se expresa de modo análogo, un cargo político por ejemplo es una tensión rentista como lo puede ser la preferencia de un Smart TV. Utilizaremos ese cuerpo analítico para lo venezolano en los próximos párrafos.

i. La política y los precios

El fenómeno de formación de los precios es quizás el más complejo para la comprensión de la opinión pública; los operadores políticos, particularmente muestran serias resistencias, todas de naturaleza rentista para comprender este fenómeno, comprensible, el “político” ofrece cosas que no existen y llenan de esperanzas una especie de bien cedido por la naturaleza y por ello luchan contra la racionalidad del mercado; lo cual le permite vender esperanzas, sin compensación social, pero en la mayoría de los casos con elevados costos de transacción. Volvamos, los precios son sin embargo, el más natural de los fundamentos de la acción humana, debido a que constituye el mecanismo de “remuneración” del esfuerzo humano socialmente compensado.

Este proceso es espontáneo; es decir, lo que alguien produce es socialmente compensado por la preferencia – demanda – de otro quien así valora su uso y valor. Ello ocurrirá, independientemente que sean mercados horizontalmente diseminados o especializados verticalmente, sin importar el número de agentes que entran desde la oferta -productores- como desde la demanda – compradores-, siempre y cuando el mercado sea una correspondencia de la propiedad sobre el activo así como del esfuerzo; son los precios, entonces, la polea de trasmisión de ese progreso. En ese sentido, mercado es mercado, y esencialmente dos factores lo definen; derechos de propiedad y precios en libre formación.

ii. El costo de la política y el empobrecimiento

El punto central en los precios es que ellos expresan no solo los aspectos económicos -preferencias, gustos, presupuesto, etc.- que entran en su ecuación, sino también aquellos otros aspectos “exógenos” del entorno, instituciones, intervención, regulación y violencia redistributiva del Estado; es decir, en una sola palabra, el costo de la política, sus costos de transacción. Esta última se expresa económicamente como el costo del gobierno, costos de transacción, de qué tamaño es el gobierno y el Estado que debemos mantener con nuestro trabajo, por ejemplo, los cuales -y en nuestros ambientes ocurre con regularidad- sacan del mercado y arruinan, descapitalizan a empresas de cualquier tamaño.

Así, la racionalidad con que opera el individuo es destruida por intereses de grupos, corporaciones políticas, económicas, etc.; un fenómeno que al hacerse temporalmente continúo interrumpe el proceso de creación de riqueza, creando condiciones materiales para el empobrecimiento, una especie de reversión de un comportamiento natural del humano en estado gregario. EN esas condiciones de pobreza el individuo pierde sus libertades y se convierte en un servil, las misiones son un ejemplo vivo.

iii. Escasez, hiperinflación y empobrecimiento

En ese razonamiento podemos hoy comprenderlo fácilmente dada las condiciones sociales y económicas en la cual Venezuela esta postrada, pagando un proceso político extremadamente costoso, cuya dimensión la podemos comparar con el grado de empobrecimiento que vamos alcanzando. Así, Venezuela hoy es un mercado en la calle y una sola cola para adquirir hasta lo que no es básico, de comercios arruinados, de centros comerciales convertidos en parques temáticos, de profesionales que ahorraron para estudiar y capitalizarse, con ingresos menores de quienes se convirtieron en serviles del gasto público.

Un caso emblemático de esta condición de empobrecimiento, los informales defensores del poder político y económico de la nomenclatura, de la Patria, convertida hoy en un símbolo de la captura de renta, ya no solo del petróleo sino de los impuestos que el venezolano y sus empresas pagan. El ingreso se gasta en bienes esencialmente perecederos, alimentos y medicinas, bienes durables no hay en el mercado, expendedores cerraron por quiebra después que el gobierno ordeno su razia por asalto tanto de la violencia hamponil como la legal.

El socialismo llega a velocidad, solo los jóvenes lo advierten intuitivamente, la intelligentzia muestra incapacidad de comprenderlo; quizás estén encantados viendo realizar su sueños y utopías de ayer, la nostalgia es a veces traicionera. Las dirigencias políticas en la disidencia atemorizadas por la represión sin comprender el fenómeno, terminan oponiéndose a nada ni nadie; los mismos jóvenes buscan respuesta en su propio comportamiento, induce a pensar que Venezuela mueve su futuro en el mediano plazo o largo plazo.

iv. La juventud, la protesta y un país para mañana

Quienes enseñamos a jóvenes en las universidades podemos comprender lo que es descontento, a lo que y hasta algunos círculos en la “oposición” llaman guarimba, y tipifican de violencia, dando un pobre grado de comprensión de la realidad sociopolítica. En realidad es un esquema de respuesta y protesta social que se ejerce como un mecanismos de “ultima instancia”, es el extremos de la ingobernabilidad, algo en el cual el gobierno convierte con la represión en una inversión rentable, a mayor ingobernabilidad mayor poder político.

En proceso parcialmente generado por consecuencias no intencionadas e intencionadas. Estas últimas derivadas por propósitos y políticas publicas dirigidas a colectivizar los privado y trasferir al Estado y el gobierno el capital de la gente, en forma de empresas, ahorro y capital, con su correspondiente perdida de capital humano y empobrecimiento y destrucción de esos activos expropiados, nacionalizados y estatificados, incluyendo los contratos petroleros que teníamos con socios de lujo para asociarnos en petróleo con países y Estado que no tienen la menor idea como se come el petróleo.

En esa misma lógica de gobierno, grupos humanos descapitalizados por la revolución y excluidos de los viejos socialismos, son convertidos en colectivos cuasi-laborales dependiendo del presupuesto nacional; fenómeno que se expresa en empobrecimiento, violencia social. El odio y la lucha de clases han sido los instrumentos de la violencia política mediante los cuales se ha apartado al individuo del proceso de creación de pobreza, privilegiando al Estado/Gobierno y expulsados a los ejércitos de subempleados, correligionarios y beneficiarios del déficit fiscal, el cual, en definitiva es el hueco por donde se alimenta la ineficiencia y el socialismo del s XXI o XIX, el menudo y el servil del Estado, y desde luego de la informalidad y violencia que defienda, a esa, su Patria.

v. El petróleo, los privilegios y el rentismo absoluto

En realidad este último, ha sido caldo de cultivo de privilegios mercantilistas de grupos de esos intereses que se han apoyado de mecanismos redistributivos vía fiscal -incluido la renta petrolera- contenidos en mecanismos de captura de renta -sin compensación social- como la corrupción, que ha servido de canal de transmisión de capital y esfuerzo privado hacia el Estado y en a mayor de las ocasiones de su destrucción. Como el curioso caso de aquella Hacienda de 1er mundo con ganado experimental, unas 3000 cabezas, que terminaron en los anafres de los defensores de la Patria, con o sin casco.

En ese marco conceptual se observa la radicalización del proceso político “revolucionario” de despojo, fenómeno que se ha catalizado políticamente con violencia político institucional, económica generada por los efectos económicos de la crisis fiscal que subyace en el dislocamiento de lo económico y lo político y lo social (crecimiento de la pobreza, el sueño del socialismo). La causalidad económica se inicia con derroche, corrupción y mala asignación de recursos fiscales bajo una política pública de crecimiento del Estado y del gobierno sin parámetros económicos y fiscales racionales que descuenten su impacto social y económico. Así, la riqueza creada por privados es destruida por el Estado/Gobierno, trasferida o no al Estado. El fenómeno lo caracterizamos como crimen económico conducente a un empobrecimiento global de la sociedad venezolana.

El impacto económico lo condensamos en un proceso hiperinflacionario, descapitalización de empresas públicas (PDVSA, CVG) y privadas, cierre o mudanza al exterior de miles de empresas, descapitalización del capital humano, escasez de bienes y servicios en orden creciente, y como es lógico en una ola de descontento social que en un primer lugar lo marcan los jóvenes estudiantes, quienes no imaginan un país empobrecido para ellos y sus hijos de mañana. La calle se enciende. Más de tres millones de venezolanos afectados por esas trasferencia de lo privado a lo público, se han agregado a esos grupos sociales de ingresos más humildes, para depender de la migaja fiscal, del racionamiento, incluida la violencia social e inseguridad,

vi. Represión, domesticación de la juventud

La reacción del gobierno a las consecuencias de los males causados por su propia agenda, consecuencias intencionadas, políticas públicas, que conforman el cuadro “revolucionario” que destruye y violenta la paz ciudadana ha sido el de una criminal represión, prefabricada desde hace años, lo que ha quedado demostrado por el equipamiento mecanismo del instrumental represivo, y cuidadosamente entrenado para el golpe, el crimen y el maltrato a los derechos humanos; es obvio que alguien con sapiencia de ellos, sobre todo adquirida en África en su momento se encuentra como infraestructura ideológica de la represión desmedida y brutal; se trata de domesticar al individuo.

El crecimiento desbordado de la criminalidad e inseguridad, secuestros masivos y otros, es por agenda alimentado políticamente, el caso de los colectivos motorizados por el gasto público, especie de símil de las camisas pardas en la Alemania de Hitler, en las hordas armadas de Rohm, el jefe de las SA suicidado por el Jefe de la Gestapo. El parentesco histórico es impresionante, dado que el discurso del gobierno y los dos Presidentes, el del Ejecutivo y el del Legislativo en nuestro país se acerca al nacionalismo fascista y nacional socialismo, primos históricos cuya oferta política es el socialismo, en cualquiera de sus versiones. El argumento político se desvanece para dar paso a la criminal represión que ha conducido a decenas de muertos, miles de lesionados y miles de prisioneros, a todo evento muestra de crímenes de lesa humanidad, que eventualmente, la historia castigue el día de los juicios de los tiempos.

vii. Los viejos modelos y los nuevos tiempos: nos quedamos

La represión alcanza otro cuerpo de la sociedad civil, dirigentes políticos y funcionarios públicos recibiendo el peso partidista de los poderes públicos. La similitud con las razias de Hitler, Stalin y Mussolini es impresionante. Ese esquema de violencia institucionalizada por acción militar constituye el mecanismos de defensa política de los grupos de intereses que controlan las fuentes del poder político está dirigido a apagar el descontento social y económico que en las calles reclama un cambio al régimen económico que incluya como eje del crecimiento y creación de riqueza al individuo y sus empresas, distinto al actual en manos del Estado/Gobierno.

El cuadro es simple, el gobierno en medio de una colosal crisis de pagos, fiscal (hiperinflación) y de balanza de pagos (sin divisas) y sin respuesta económica para crecer, y en medio de una economía en depresión, decide dar un paso adelante y radicalizar su objetivo político eliminando a velocidad el Estado de Derecho, la Ley Habilitante hizo ese trabajo, así como las razias a los activos privados y los esquemas cuasi legales de expropiación. El régimen sabe que en libertades políticas y con mercados operando en libertad tendrá que dar pasó a nuevas propuestas, pero decide saltar sobre nosotros jugando topo a todo. Acá estamos. En adelante, el futuro de nuestros hijos de hoy de mañana, está en la acción colectiva donde todos participemos para reponer el curso racional de la historia, que a todo evento quisiéramos fuese en derecho y soberanía popular.

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